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Joan Fontcuberta

Joan Fontcuberta.

Nacido el 24 de febrero de 1955 en Barcelona, Joan Fontcuberta recibió su primera cámara fotográfica en la infancia, sin embargo no empezó a utilizarla de manera seria hasta que comenzó sus estudios en Ciencias de la Información en Universidad Autónoma de Barcelona en 1972. En esos años combinó el estudio con un trabajo de periodista y publicista, actividad que ya se desarrollaba en su entorno familiar.

Al principio su trabajo combinaba la fotografía directa y la manipulada. El fotomontaje también fue un interesante vehículo para la experimentación visual. Conforme pasaron los años se desempeñó en múltiples actividades como editor, curador, arquitecto técnico, profesor, escritor, traductor, extra cinematográfico, vendedor, crítico gastronómico y un largo etcétera.

Además a través de sus trabajos es sencillo adivinar su afición a la botánica, la astronomía o la arqueología entre otras disciplinas. A pesar de tener un carácter reflexivo, Fontcuberta desarrolla su trabajo no en la fotografía documental pura, sino en la exploración de temas como la  verosimilitud de las imágenes y los dispositivos de transmisión de ideas.

Influido en gran medida por el ambiente político y cultural al que Francisco Franco sometió a España, Fontcuberta se sintió animado a imprimir en todo su trabajo un fuerte espíritu crítico:

“Viví 20 años bajo el régimen de Franco así que como toda mi generación padecí por la falta de transparencia y de documentos que ayudaran a reconstruir la historia”.

Su extensa obra fotográfica presenta una visión crítica de la realidad, de las verdades fotográficas, históricas o ficticias a través de la fotografía y su contexto. Sus proyectos se caracterizan por el uso de herramientas informáticas en su tratamiento y su presentación de manera interactiva con el espectador. En múltiples ocasiones ha abordado el concepto de la postfotografía, que nos confronta al reto de la gestión social y política de una nueva realidad hecha de imágenes. Sumidos en su producción masiva y apabullante, las imágenes abandonan su rol pasivo de mediadoras entre nosotras y el mundo y circulan con tal fuerza que desbordan su “habitación” y salen de su sitio (de su “quicio”). Entonces, sin sitio, sin lugar al que replegarse, quedan des-quiciadas y se vuelven furiosas.

Aparte de fotografías muchos de sus proyectos incorporan también instalaciones, foto-libros y material audiovisual complementario y en más de una ocasión, estos proyectos de presentan en colaboración con otras sedes de manera simultánea.

Durante su extensa carrera ha sido reconocido en distintas ocasiones con preseas como el premio David Octavious Hill por la Fotografisches Akademie GDL de Alemania en 1988, Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres por el Ministerio de Cultura en Francia en 1994, Premio Nacional de Fotografía, otorgado por el Ministerio de Cultura de España en 1998 y Premio Nacional de Ensayo en 2011.

“La fotografía de Fontcuberta es en sí misma acerca del trabajo de la fotografía y con cada serie reta la confianza de la audiencia en la veracidad del medio y su función como un sistema de representación.  Confrontando nuestras ansiedades acerca de ese sistema, las cuidadosas invenciones de Fontcuberta  están enlazadas con claves e inconsistencias-el propio fotógrafo aparece disfrazado como Hans von Kubert o Joan Fontana. Exponiendo los múltiples artificios posibles del medio fotográfico cuestiona porque la fotografía adquiere una seductora veracidad en el espectador”.-  Hasselblad Foundation

Acerca de Fontcuberta, su trabajo, sus medios y sus motivaciones se ha escrito mucho, en esta ocasión hemos seleccionado algunos de sus trabajos para compartir con nuestros lectores un vistazo a su labor:

 

 

Serie Herbarium,1984, 1.Guillumeta polymorpha 2.Flor miguera 3.Lavandula angustifolia

 

Herbarium, 1982

Este proyecto, uno de los más reconocidos al principio de su carrera, está compuesto por un tratado de botánica, donde el autor analiza, mediante la metodología convencional, una serie de hallazgos. Junto a la fotografía de cada planta especifica la localización, características generales, etc., combinando datos reales con otros inventados. Las plantasson, en palabras del autor “pseudoplantas: pequeños assemblages efímeros construidos con detritus industriales, piezas de plástico, huesos, pedazos de plantas o miembros de animales de muy diversa ralea que encontré deambulando en los entornos industriales del cinturón de Barcelona”.

 

 

Sputnik, 1997

La historia cuenta que Ivan Istochnikov fue un cosmonauta ruso que desapareció  en plena misión espacial a bordo del Soyuz2, en 1968. Como las autoridades soviéticas no eran capaces de explicar los hechos y no se podía perjudicar la imagen la URSS durante la carrera espacial, el astronauta fue borrado de la memoria colectiva: se le eliminó de las fotografías oficiales y su familia fue exiliada a Siberia.

 

Es cierto que en los registros de la URSS no aparece ningún Ivan Istochnicov y eso es porque nunca existió. Es una creación de Fontcuberta, que se introdujo en la historia espacial rusa modificando fotografías originales de la época para añadir al cosmonauta, que aparece recibiendo condecoraciones, visitando escuelas, acompañado de sus colegas ante el Kremlin o despidiéndose antes de embarcar en la Soyuz.

Entre los visitantes del CosmoCaixa de Barcelona, un museo de ciencia donde Sputnik se presentó, se  mezclan las reacciones: niños decepcionados cuando se les explica la verdad, personas sorprendidas por la vileza de los soviéticos, algunos enfadados con el museo por acoger una muestra que induce a equívoco e incluso otros que despiertan y se replantean lo que daban por seguro. “Estos últimos son mi público ideal, por ellos hago lo que hago”, reconoce Fontcuberta.

Sputnik reflexiona sobre la importancia de cuestionarlo todo, porque dice el autor: “si yo he podido conseguir esto sólo con una cámara, qué no podrá conseguir un gobierno con recursos ilimitados”.

 

Milagros  y Co., 2000

El monasterio ortodoxo de Valhamönde, en Karelia, región finlandesa que linda con Rusia, está formado por una pequeña comunidad monacal. A este secreto centro acuden candorosamente monjes de todas las religiones para aprender a hacer milagros.

Fontcuberta acude a este monasterio haciéndose pasar por un pope ortodoxo y durante un año recoge información para desenmascarar el fraude. El material resultante de la investigación, que él dice haber recopilado en el monasterio, junto con imágenes en las que él mismo aparece realizando diferentes milagros, conforman el proyecto.

En Milagros & Co. aparece con frecuencia Munkki Juhani, ataviado con una rasputina o barba ceremonial, en el interior y alrededores del monasterio, y sobre todo el testimonio personal de los milagros. La nómina de los milagros es amplia, algunos dramáticos y otros irónicos, como los milagros del trekking acuático, de la invisibilidad, de la ignición fatua, de Carroll Lewis, de la carne, de lacrimación sanguificada, de la pensamientografía, de la levitación, de la feminidad, de la cefalopodización.

Las imágenes se completan con una historia en la que se entremezclan la literatura, la leyenda y la realidad social, completando un conjunto de intensa belleza. Pero además, muestra el tema del incremento de algunas formas de ocultismo y de falsas manifestaciones de espiritualidad.

Como en otros trabajos, después de una detenida observación resulta claro que es Fontcuberta quien creo el relato de este monasterio inexistente en el que, con ayuda de la tecnología digital documenta sus milagros. Se trata de la ficción dentro de la ficción

El fotógrafo propone un estudio crítico y lúdico de la superstición. “Me interesan las plataformas institucionales que transmiten conocimientos desde la autoridad, la ciencia o el arte, con presentaciones científicas o parodias de museos de arte, con un contenido ideológico que actúa sobre nuestra percepción. La religión es una gran institución que interactúa con la verdad y capacidad sacralizada de las creencias”.

La serie es además un homenaje a la fotografía de espíritus y al lenguaje del cómic. Lleva a cabo con su obra una poética de lo esperpéntico, con una fuerte dimensión teatral. Es un trabajo en el que el artista a través  de documentos, fotografías, videos y objetos desdramatiza la fuerza irracional de los sentimientos religiosos, su mercantilización económica y su instrumentalización política.

 

Sirenes, 2000

Un gran reportaje hecho por encargo de la publicación de divulgación científica Scientific American presenta evidencia fotográfica documental acerca del sacerdote y geólogo Jean Fontana quien descubrió múltiples fósiles de “Hydropithecus” una especie desconocida de homínidos acuáticos en la reserva geológica de Haute Provencein al sur de Francia. Los Hydropithecus tenían un gran parecido a las sirenas de los cuentos fantásticos de nuestra infancia y el religioso tenía un gran parecido… a Joan Fontcuberta.

Poco después de que el proyecto se hiciera público, el autor recibió mensajes de profesores descontentos “Decían que ya era bastante difícil enseñar a los estudiantes cómo funciona la evolución sin que hubiera personas jugando con los antecedentes de los fósiles; para mí Sirens es una herramienta que nos ayuda a explicar la evolución, los maestros podrían impulsar a sus estudiantes a entender cómo construimos modelos para comprender la realidad”

 

 

Deconstructing Osama, 2007

En noviembre de 2006 Mohammed ben Kalish Ezab y Omar ben Salaad, dos fotoperiodistas de la agencia de noticias Al-zur en Qatar seguían el rastro del brazo armado de Al Qaeda el Dr. Fasqiyta Ul-Junat cuando descubrieron la verdad acerca de este oscuro personaje: en realidad es un actor y cantante llamado Manbaa Mokfhi quien regularmente participaba en telenovelas y era el rostro de la campaña de MeccaCola en Algeria y Marruecos. Después del descubrimiento de su identidad Mokfhi admitió haber sido contratado para actuar como terrorista. Su paradero actual es desconocido.

Deconstructing Osama se trata de un trabajo irónico, de parodia de situación, en el que el artista se disfraza de terrorista islámico, con barba e indumentaria árabe. Mediante la manipulación de videos y fotos procedentes de la cadena Al Yazira, el artista se introduce en ellos, uniendo su cara al cuerpo de Bin Laden. Mientras se escucha la voz del terrorista y aparecen los subtítulos en árabe recita en realidad el poema La canción del pirata, de Espronceda.

En palabras del artista: “Juego con la idea de que todos estos terroristas fueran en realidad actores contratados por servicios de inteligencia para representar a los villanos. Ésa es una idea que le ha pasado por la cabeza a mucha gente. Sencillamente parece imposible que ese mundo de la cueva en algún lugar de Afganistán, esos vídeos caseros, de estética tan doméstica, sea todo algo real. Resulta increíble que a unos tipos que tuvieron la capacidad tecnológica suficiente para montar y realizar el 11-S, la sofisticación y el dinero no les alcance para grabar unos vídeos como Dios manda”

 

¿Por qué elaborar estos fraudes tan elaborados?

La idea es confrontar a disciplinas que claman tener autoridad para representar lo real- la botánica, topología, cualquier discurso científico, incluso la religión. He elegido la fotografía porque es una metáfora del poder.

Joan Fontcuberta en entrevista con Stuart Jeffries, The Guardian.

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