MANUEL LAVANIEGOS

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(MÉXICO) Nací en la Ciudad de México, el 4 de marzo de 1953. Ya llovió. Mi infancia y adolescencia transcurrieron en esta misma ciudad, a la que he visto transformarse hasta volverse irreconocible. En este lapso fue determinante para mí la vida de mi padre, al que vi siempre trabajar de sol a sol, y emprender los más descabellados experimentos (fabricación de champiñones, de espárragos, de fruta confitada, una imprenta, elaboración artesanal de chocolates, etc.), para dejar de ser empleado a cuenta de otros; nunca lo consiguió, fueron quiebra tras quiebra, pero sus esforzadas aventuras nos formaron a mí y a mis hermanos. Fue también influyente la presencia de mi tío que era pintor, y el cual murió prematuramente, convirtiéndose en el olimpo de mi memoria en un héroe al que había que emular. Claro, que también asistí a la escuela, que no me gustaba. Esto cambio hasta la preparatoria, en que entré al Instituto Luís Vives, sus maestros eran notables refugiados republicanos de la Guerra Civil Española, y el colegio era mixto, laico, y con chicas muy guapas y de brillante inteligencia. Esto represento una revolución de la mente, ello unido a la cercanía de los movimientos estudiantiles que sacudieron al país. Todos estos estímulos, me llevaron a cursar talleres de pintura en la Academia de San Carlos y a estudiar filosofía en la UNAM. Luego, viví, de modo intermitentemente, seis años en Pátzcuaro, Michoacán, y sentí que era más mi tierra que cualquier otro lugar – después esto me sucedería también, más por añoranza, con otros rincones que he tenido la fortuna de visitar en otros países. Asimismo, me casé por primera vez, y tuve una hija. Tiempo después, me casé por segunda vez, y tuve un hijo. Ambos, junto a mi esposa actual, constituyen la máxima felicidad de mis días. Así, por ahora, resido la mayoría del tiempo en Jiutepec, Morelos, yendo y viniendo a la Cd. de México; pues soy investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Filológicas, y profesor en el Posgrado de Filosofía, en la UNAM. A partir de hace mucho ya, la orientación de mi trabajo es esquizofrénica; pues versa sobre temáticas tanto del arte como de la filosofía. A lo último, habría que agregar que el doctorado que realice en antropología y arte, en la ENAH, afianzó en mí el interés fundamental por las cuestiones de la dimensión “sagrada” del arte; sobre las metamorfosis de lo mítico/ritual en el arte arcaico, antiguo, y en el contemporáneo. Por milagro de las Musas, he escrito también tres breves poemarios.