Lo que permanece en el cuerpo

Wendy Del Castillo Pérez

Escrito desde la doble perspectiva de quien indaga y habita el escenario como intérprete, este texto examina cómo la fotografía dialoga con la naturaleza efímera de la danza. A partir del registro visual de Lázaro Reyes sobre la obra Râbi’a, se plantea que la imagen, al suspender el tiempo lineal, se convierte en un metamontaje de memorias y temporalidades heterogéneas. Desde la experiencia escénica, la teoría de la imagen y la memoria corporal, el análisis explora cómo la fotografía trasciende la función documental para convertirse en un espacio de supervivencia e interpretación del cuerpo más allá del instante.

Cuerpo, Memoria, Metamontaje, Danza etnocontemporánea, Temporalidad, Fotografía escénica.


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Lázaro Reyes, Remolino, Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, Ciudad de México, 2022, fotografía digital. Obra: Râbi’a. Compañía de danza: Khamsa Dance Project. En la fotografía Lorena Cedeño López.
Estoy detrás del telón. Desde aquí, en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario (CCU) de la UNAM en la Ciudad de México, el aire se respira distinto. Escucho el murmullo contenido del público y siento el peso del tiempo concentrarse en mi cuerpo. La tercera llamada está por dar paso a las imágenes que atraviesan el espacio; miro la escena que pronto habitaremos e imagino las historias que se contarán, la huella del instante en la mente de los espectadores y la sensación en mí de aquello que ya fue.

¿Pero qué sucede cuando lo efímero de la danza se encuentra con la permanencia de la imagen? Cuando el movimiento acontece, el cuerpo muestra la memoria, la intención, el gesto y la mirada. Su vulnerabilidad y su biografía se construyen y exponen por completo; la consciencia del sí se vislumbra en una temporalidad frágil, destinada a desvanecerse en el instante de su creación, en el diálogo entre ejecutante y espectador. La escena habita en ese fugaz instante para dejar rastro. Quien ahora mira y habita la fotografía construye una nueva realidad.

Ante lo efímero, cabe preguntarse qué ocurre cuando ese acto es capturado por el lente y halla un soporte que lo contiene y proyecta. Para responder, analizaré un fragmento del catálogo fotográfico de Lázaro Reyes en torno a Râbi’a, obra de la coreógrafa israelí Orly Portal, en su versión para México, dirigida por Aline Del Castillo Pérez, en la que participé como intérprete. Estas imágenes, capturadas entre el 6 y el 8 de mayo de 2022, presentan la propuesta interpretativa de la compañía mexicana Khamsa Dance Project, de la cual formo parte desde 2016.


Las imágenes de Reyes evidencian que lo que se ve ahora, estuvo antes ahí y se mantiene en la consciencia. El teórico Roland Barthes señaló que toda imagen afirma un esto ha sido, y da testimonio de una presencia que ya no está pero que se prolonga. En este acervo de Râbi’a, la paradoja se intensifica pues la acción queda atravesada por una múltiple dimensión temporal: es eco de lo que fue y a la vez presencia que permanece. Así, la imagen desplaza la experiencia de la danza hacia otro nivel de percepción.

En Remolino, las figuras emergen de la penumbra escénica. La atmósfera de claroscuro construye un espacio ambiguo que nos permite imaginar lo que transcurre afuera y al mismo tiempo invita a un adentro, a la intimidad y eximidad de lo que nos sostiene en el silencio: un escenario que oscila entre la incertidumbre y la certeza.

En el centro de la composición, la bailarina mexicana, Lorena Cedeño irrumpe con la potencia de quien danza desde las entrañas. En ese gesto expansivo sus brazos se proyectan, su cabello se eleva y las telas del atuendo acompañan el impulso del fuego interno que proyecta desde el escenario.
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Lázaro Reyes, Duna, Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, Ciudad de México, 2022, fotografía digital. Obra: Râbi’a. Compañía de danza: Khamsa Dance Project. En la fotografía Lily Malacara Gallardo.
A través de un encuadre y un momento precisos, la mirada de Reyes articula la escena; los gestos de Lorena imprimen una fuerza tal que la quietud de la toma deviene en inercia, continuidad y expansión. Ante esa potencia cabe preguntarse qué resulta más relevante: la precisión del detalle o la emoción del impulso, el foco en los rostros o la sensación que despierta la textura de la tela. 

El trabajo obtenido no documenta solo un montaje escénico, sino el encuentro de dos procesos: el trazo coreográfico que habitamos en cada acto y el registro fotográfico con la consciencia de ser vista. Y es que al mirar de nuevo la imagen, me reconozco ahí no como forma, sino como energía en esta dualidad espacio-tiempo. Soy la bailarina que recuerda la música que brota por los poros de la piel y simultáneamente, la espectadora que hoy descubre, gracias a la imagen, nuevas dimensiones de su propio movimiento.

Quien recorra estas líneas podrá percibir el dinamismo en la quietud de las fotografías; no porque se desplacen realmente, sino por lo que aluden. Es en ese tercer proceso, el de la mirada a posteriori, cuando la imagen deja de ser un objeto estático para volver a vibrar; y el verdadero montaje sucede en ese espacio entre lo que fue danzado y lo que hoy es imaginado.

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Lázaro Reyes, Pasos de arena, Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, Ciudad de México, 2022, fotografía digital. Obra: Râbi’a. Compañía de danza: Khamsa Dance Project. En la fotografía de izq. a der. Constanza Romero Carbajal, Nayla Ximena del Valle Sánchez, Daniela García Reyes, Wendy Del Castillo Pérez.
Al observar las imágenes Duna y Pasos de arena, la mirada se traslada del registro fotográfico hacia la creación de un universo alterno, que prácticamente opera como multiversos paralelos de fronteras líquidas. Lo que importa aquí no es la anatomía de los cuerpos, el esfuerzo de los músculos ni la precisión del gesto, sino la vibración del aire y el estado de ánimo que la luz y su ausencia, evocan. En la convergencia de la nueva mirada se activa una resonancia colectiva que parte de una misma imagen hacia múltiples realidades.

Reyes, al igual que el fotógrafo Adolf De Meyer, advirtió que la fotografía de danza no se limita a catalogar un movimiento, pues es capaz de desmaterializar a las bailarinas, capturar la conciencia de la propia existencia y registrar tanto la identidad personal y colectiva, como el gesto que es huella y herencia compartidas. 


Desde los inicios de la fotografía, De Meyer mostró que el cuerpo puede ser “reducido” a solo atmósfera; una construcción sensible donde el gesto y la luminosidad producen una verdad estética. En estas imágenes la luz no solo ilumina, sino que produce ritmo, presencia y verdad. 

A partir de este legado sobre la luz, la propuesta autoral de Lázaro Reyes retoma ese concepto, lo fragmenta y lo reconstruye; el claroscuro se convierte en un remolino de arena que se compacta y más tarde se desvanece. La aparente movilidad de Pasos de arena desvela la profundidad de la noche en la piel de las bailarinas Khamsa Dance Project que interpretan Râbi’a de Portal. Así, lo efímero de la escena se transforma en permanencia estética, en memoria sensible que subsiste más allá del cuerpo y que la imagen preserva como experiencia.

A la danza etnocontemporánea, género en el que se circunscribe la pieza Râbi’a, se le puede describir como una propuesta artística que, a través de exploraciones corporales en relación con la sonoridad, logra un lenguaje orgánico, honesto y original; y se construye con estructuras de movimiento permeadas por referencias y rituales cotidianos que reflejan la identidad de cada artista, al priorizar el sentir y el saber, por sobre las imposiciones técnicas de las danzas académicas convencionales.

Desde mi experiencia como bailarina de danza etnocontemporánea sé que el cuerpo guarda memorias. Este lenguaje de movimiento, que he desarrollado colectivamente a través de la investigación y exploración durante más de quince años, me permite comprender que cada movimiento arrastra capas de tiempo: saberes, herencias, afectos. 


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Lázaro Reyes, Ellas, Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, Ciudad de México, 2022, fotografía digital. Obra: Râbi’a. Compañía de danza: Khamsa Dance Project. En la fotografía de izq. a der. Lily Malacara Gallardo, Daniela García Reyes, Valeria Ysunza, Wendy Del Castillo Pérez, Lorena Cedeño López, Analí Borja Z., Aranzazú García Montiel.
En esta serie fotográfica, el autor decidió crear un montaje donde su realidad, contexto e imaginario dialogan con la danza de las bailarinas de Khamsa Dance Project. Su lente exhibe cuerpos en el espacio que, lejos de responder a una técnica hegemónica o formas académicas de movimiento, construyen la escena desde acciones cotidianas que reflejan su propia identidad. 

Reyes comparte, desde su cotidianeidad y sus saberes, fragmentos que hablan de nuevas narrativas y de instantes que dialogan con el imaginario del espectador. Si bien, los cuerpos no se manifiestan en el vacío, pues están atravesados por el ritmo, el trazo, la luz o las texturas, la mirada del fotógrafo determina en las imágenes, el tiempo y el espacio específicos de lo que vemos.

Como sugiere Didi-Huberman, historiador de arte, al pensar el cuerpo como archivo sensible, lo que emerge en la danza es una acumulación de vivencias inscritas en la piel. En la fotografía, las imágenes permiten que la emoción sobreviva y se manifieste incluso, cuando el cuerpo físico ya ha dejado de habitar el escenario, al prolongar su resonancia más allá del instante de la danza.

Mediante un acercamiento que reduce la distancia con la escena, en la imagen Ellas, Reyes conduce por un camino reflexivo que despierta en el espectador la necesidad de saber qué ocurrió. En la fotografía se observa una arquitectura de cuerpos: unos encima de otros, unos que acompañan, otros que sostienen. La presencia aparentemente inmóvil de las bailarinas, pero con una tracción profunda, provoca contener la respiración. Los cuerpos parecen desvanecerse y los rostros renuncian a la mirada. 

Es precisamente en ese cierre de ojos cuando aparece el punctum de Barthes. Ese detalle que punza no es la acción colectiva de las bailarinas, sino la visión que transmuta la escena en un ritual. Al anular el contacto visual con el espectador emerge una forma de expresión ancestral que vuelve a la vida en el cuerpo de cada intérprete. Cada sombra, cada pliegue del vestuario, cada gesto y cada gota de sudor descubren aquello que, indirectamente, se manifiesta en la imagen: Se infiere una historia, un momento, una raíz, una forma de existir en el evo. 

En el escenario, la arquitectura del lugar se funde con el imaginario de los que observan. Es en este territorio compartido donde el gesto de las intérpretes y la mirada de los espectadores confluyen. Su cruce subraya que ni los cuerpos ni las imágenes son autónomos, su existencia depende del espacio, del tiempo y de la relación con los otros.

Resistencia es miradas que penetran, no como protesta, sino como reflejo, como una proyección sentimental del propio cuerpo y del colectivo. Un instante que se expande más allá del marco fotográfico y que invita a pensar la sensación de ser observada por la propia imagen. Ojos empáticos y profundos que devuelven preguntas: ¿qué recuerdas de ti al mirarme?, ¿qué lugar ocupa tu cuerpo en esta historia? Al verlas, es como si recuperara mi propia presencia en aquel espacio: recuerdo que aquel momento en escena fue tan íntimo para mí, como para los espectadores.

Ciertamente, en el anacronismo de Didi-Huberman es donde se acepta que la imagen no pertenece a un solo momento lineal, tal como lo observo en el trabajo de Reyes. Sus fotografías son un montaje de tiempos heterogéneos. En ellas conviven y sobreviven fragmentos del instante de su creación, de su remanencia y del presente de quienes los miraron desde su butaca y ahora en la fotografía.


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Lázaro Reyes, Resistencia, Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, Ciudad de México, 2022, fotografía digital. Obra: Râbi’a. Compañía de danza: Khamsa Dance Project. En la fotografía de izq. a der. Jessica Flores Zúñiga, Lorena Cedeño López, Nelly Carrillo Morales, Analí Borja Z., Aranzazú García Montiel.
Las imágenes en general, y Resistencia en particular, poseen un poder que afecta, interpela y exige respuesta. El momento capturado deja de ser un objeto pasivo para convertirse en una fuerza motora que lleva a la reflexión corporal y emocional. Como propone Didi-Huberman, debemos permitirnos ser atravesados por aquellas, dejar que nos miren y nos trasformen, al aceptar que en ese intercambio reside su verdadera potencia. 

Indudablemente, el lente de Lázaro Reyes se muestra intuitivo y asertivo, pues en él convergen vacío, huella, supervivencia, territorio y una verdad recreada. Construye un mapa visual con iluminación, textura en telas, piel y cabello. El movimiento sostenido por el espejo de la cámara y su sensibilidad permite que las presencias físicas, a través de la danza, cuenten una historia, la Historia.  

En la ausencia de luz de Sobre la tierra, vemos cómo se produce un encuentro entre pérdida y totalidad. Ese aparente vacío permite a quien observa completar la imagen desde su propia narrativa. Al depositar en la penumbra su vivencia y su sentir, el espectador arrastra consigo la historia de lo que sucede en la escena.

En la imagen me encuentro postrada ante Daniela García, la bailarina quien, hincada frente a mí, sostiene el peso de mi cadera y queda envuelta en la luz que la baña desde el costado, por las telas de mi torso y de sus piernas, por sus anhelos e inquietudes. El claroscuro nos envuelve, modela formas que se deconstruyen en su propia abstracción, lo sólido se licúa y lo líquido se disuelve en vacío. 


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Lázaro Reyes, Sobre la tierra, Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, Ciudad de México, 2022, fotografía digital. Obra: Râbi’a. Compañía de danza: Khamsa Dance Project. En la fotografía Daniela García Reyes, Wendy Del Castillo Pérez.
En esta oscilación, la escena se abre y se sostiene en Lázaro. A través del encuadre, su mirada fotográfica transforma la ausencia en discurso e interpela el espacio oculto que habitan nuestros cuerpos; un territorio que se expande y se retrae en la penumbra para resguardar lo que la luz disipa.

Es así como la fotografía vuelve al cuerpo territorio, ese donde los saberes resisten al olvido. Y así, éste se manifiesta como el único territorio que puede portarse; un mapa vivo de identidad y apropiación donde se habita tanto el espacio físico como el inmaterial.


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Lázaro Reyes, Clemencia, Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, Ciudad de México, 2022, fotografía digital. Obra: Râbi’a. Compañía de danza: Khamsa Dance Project. En la fotografía Daniela García Reyes, Wendy Del Castillo Pérez.


La fotografía escénica no se limita a dejar constancia de lo acontecido, despliega una sensibilidad que persiste en la imagen y transforma el gesto en un indicio de relato. Más aún, la fotografía forja historias pues la imagen en sí misma es danza y la danza en sí misma es relato. En Clemencia se observa a dos mujeres, quienes, en la permanencia de la imagen, hacen suya el baile como lugar de afirmación del yo y el nosotras, afirmación del deseo, del espacio y nuestras historias personales y colectivas.
Lo que ocurre en el teatro y lo que subsiste en la fotografía no se comprende solo desde la razón ni únicamente desde las entrañas, exige aún más interrogar lo que la imagen nos devuelve a través de un ojo crítico. Al observar estas imágenes, es posible escuchar esa pausa larga, ese ostinato que taladra las memorias o ese pedal sonoro tan hondo como eterno; un percutir de deseos que hace vibrar la tierra bajo los pies. 

Hay algo que fractura la certeza de lo que sabemos porque, aun cuando la huella que preserva al gesto es algo constante en la imagen, la fotografía abre fisuras en la memoria e invita al espectador a imaginar otras realidades posibles.



Al ver Destierro, la imagen arde en el sentido que propone Didi-Huberman. En ella, una figura yace en el suelo, sin fuerza, y mientras un puño la sujeta, nos preguntamos si está inerte, ¿la levantará o la abandonará? Desde el escenario yo sé lo que ocurrió, pero el metamontaje que representa la fotografía provoca imaginar otros universos. Así, Destierro deja de ser solo información para volverse experiencia; la imagen permite que nos cuestionemos y sintamos ese instante construido como algo transformador. 


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Lázaro Reyes, Destierro, Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, Ciudad de México, 2022, fotografía digital. Obra: Râbi’a. Compañía de danza: Khamsa Dance Project. En la fotografía Daniela García Reyes.
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Lázaro Reyes, Éxodo, Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM, Ciudad de México, 2022, fotografía digital. Obra: Râbi’a. Compañía de danza: Khamsa Dance Project. En la fotografía Daniela García Reyes.
Aunque la danza se desvanece en el instante, la memoria corporal, al igual que las fotografías de Lázaro Reyes, resguardan fragmentos de relatos y constituyen un archivo visual crítico. Con una mirada que va más allá del instante danzado, esta serie evidencia narrativas de identidad que afloran en las intérpretes y se reconfiguran al ser fotografiadas. 

A través de su cámara, el artista visual registra escenas que reflejan lo interno, huellas silenciosas que se asoman por los poros y verdades que nos permiten mirarnos al espejo y descubrirnos en el otro: el otro compañero de danza, el otro fotógrafo, el otro espectador, el otro espectador de la fotografía. De este modo, las historias que cuenta cada imagen permiten construir una nueva narrativa de la escena. Este montaje le da a la obra coreográfica un nuevo valor, incluso para la mirada fotografiada: sin fotografía no hay danza.

La escena que vemos en esta propuesta visual no es solo espacio de la danza, sino el territorio donde la mirada fotográfica nos permite redescubrirnos y encontrar un lugar de reflexión. Ante este archivo vivo que la fotografía gesta, el tiempo sin tiempo se asoma. Y si volvemos ahí, a la Sala Miguel Covarrubias del CCU, el murmullo del público se apaga y la oscuridad nos envuelve para escuchar la tercera llamada. Entonces, el escenario está listo y aquello que permanece en el cuerpo está a punto de volver a nacer.




Referencias Bibliográficas

Barthes, R. (1989). La cámara lúcida: Nota sobre la fotografía. Paidós.
Benjamin, W. (2003). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Ítaca.
Brandau, R. (Ed.). (1976). De Meyer. Alfred A. Knopf.
De Meyer, A. (1912). L’Après-midi d’un Faune. [Serie fotográfica]. The Metropolitan Museum of Art.
Didi-Huberman, G. (1997). Lo que vemos, lo que nos mira. Manantial.
Didi-Huberman, G. (2002). La imagen superviviente: Historia del arte y tiempo de los fantasmas según Aby Warburg. Abada.
Didi-Huberman, G. (2008). Ante el tiempo: Historia del arte y anacronismo de las imágenes. Adriana Hidalgo.
Didi-Huberman, G. (2012). Arde la imagen. Sierpe.